Cuando en 2017 me dieron como destino definitivo Babia, en León, llegué a un cole rural en el que una compañera me recibió con una gran sonrisa y una mirada llena de luz, me enseñó el colegio, su casa, con un amor inmenso y haciéndome partícipe del mismo desde el momento en que entré por la puerta. En ese momento, no era directora oficialmente pero ejercía de ello en la sombra. En el curso 2020-21 después de la pandemia asumió la dirección de este pequeño cole e hizo soñar a toda la comunidad educativa con una escuela diferente, basada en las emociones. Educar con corazón era su lema y su legado en nuestro pequeño cole rural fue la alegría, el entusiasmo, el esfuerzo, el sacrificio, el optimismo, la lucha, la superación y la pasión, mucha pasión por la educación, por Babia y por cada uno de los alumnos y alumnas con los que trabajó. Hace un par de años que nuestros destinos se se pararon, ambas iniciamos nuevas aventuras, pero siempre la tengo presente y su forma de ed...